Tierra del Fuego sancionó la primera ley de escuelas experimentales, que enseñan sin pupitres ni exámenes

Educación 12 de enero de 2019 Por
Esta provincia sancionó la primera ley de escuelas experimentales, que enseñan sin pupitres ni exámenes. Se trata de una norma inédita en el país. Conocé cómo funcionan.
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Cuando terminaban de afinar el lápiz, algunos legisladores pidieron quitar del texto de la ley las palabras "acuerdo unánime". Creían que optar por una mayoría simple en una votación democrática facilitaría la toma de decisiones en las asambleas escolares. Dos meses después del debate en la comisión, la Legislatura fueguina sancionó la primera ley de escuelas experimentales del país. A fines del año pasado, en diciembre, Tierra del Fuego se convirtió en pionera en la materia. Y no hubo concesión: la idea de "unanimidad" se mantuvo.

Puig Ubios es el director del Instituto Superior Terranova, donde se forman la mayoría de los docentes que ejercen en las escuelas experimentales de la provincia. También es maestro en dos de los ocho establecimientos que tiene Tierra del Fuego: seis en Ushuaia, uno en Río Grande y otro en Tolhuin. Todos de gestión estatal.

El director piensa que la gran ventaja de la nueva ley es que ratifica las atribuciones de la Asamblea Docente Permanente. En las escuelas experimentales el ingreso de los docentes no es por concurso como sucede en el resto del sistema educativo. Son los propios maestros de la institución los que eligen a quienes serán sus colegas entre los postulantes.

Hace ya 26 años que se fundó la primera escuela experimental en Ushuaia. Se llamó Las Lengas y hoy tiene los tres niveles: inicial, primaria y secundaria. Pero la historia fueguina no podría contarse sin el antecedente de La Plata. Así también lo describe un informe de CIPPEC de 2003: Las escuelas experimentales de Tierra del Fuego: sentidos y condiciones de una propuesta educativa alternativa, que escribieron Axel Rivas y Paola Llinás.

Fue la inglesa Dorothy Ling quien puso los cimientos. Primero surgió como un taller musical que ganó adeptos con los años. El cuestionamiento por la educación formal la llevó a fundar en 1959 un Centro de Investigación Pedagógica que, en los hechos, funcionaba como una escuela con un bajo arancel. Ya a mediados de los '80, el ministerio de educación le ofreció a Ling iniciar una escuela experimental pública, que se llamó Instituto Themis Speroni, aunque todos lo conocen simplemente como "La escuelita".

Cómo funcionan

Trabajan con grupos reducidos. Son cursos de un máximo de 15 alumnos. En los establecimientos no están las aulas convencionales, ni siquiera los pupitres. Son salones amplios. Los chicos se sientan en ronda, en unos almohadones o alfombritas que tiran en el piso y el docente guía las clases. Todas las clases tienen un factor común: el arte.

"Perseguimos una educación por el arte, en la que cada uno descubra, en presente y por experiencia, su condición de creador, que no es producto de aprendizajes especiales ni de un talento singular. En todas las áreas de trabajo están la pintura, la poesía, la música, la danza y el teatro. Dentro de este contexto se desarrollan las áreas curriculares", describió Puig Ubios.

Pese a las adaptaciones en el modo de enseñar, aclaran, las escuelas experimentales se adecúan a la currícula que plantea el ministerio de educación provincial. Es decir, dan los mismos contenidos que las convencionales. Pero la forma de evaluar también es muy distinta. No les toman exámenes. Tampoco reciben notas numéricas. Se trata de "no fomentar la competencia". Los chicos solo reciben la calificación de "aprobado" o "desaprobado". Quienes desaprueban no repiten de grado, sino que vuelven a hacer la materia con otro grupo de alumnos. En los grupos, entonces, terminan conviviendo jóvenes de distintas edades.

A la hora del ingreso de nuevos chicos, los hermanos de los alumnos tienen prioridad. Buscan el sentido de pertenencia de las familias. El resto de los interesados se anotan y van a un sorteo que, en los últimos años, son muy concurridos.

Los docentes, al trabajar con los distintos grupos, conocen a todos los chicos de la escuela. Cada día, cuando terminan las clases, se reúnen y evalúan en conjunto el desempeño de los alumnos. Con el método alternativo, los aprendizajes no están en riesgo. Todo lo contrario, dicen. Y los resultados los avalan: en las anteriores pruebas de aprendizaje ONE y en las actuales Aprender, las escuelas experimentales superan el promedio provincial en las cuatro áreas evaluadas: lengua, matemática, ciencias sociales y naturales.

En las escuelas solo hay alumnos y docentes que, en los establecimientos más grandes, llegan a 25. No tienen porteros ni personal de limpieza. Los trabajos de mantenimiento de la escuela lo hacen los maestros cada día. Y entre ellos no existen jerarquías. Hay un director designado, pero responde a un pedido administrativo. En los hechos, no tiene más injerencia que sus compañeros.


Fuente de la Información: Infobae

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